Hay días en los que todo parece funcionar por fuera -el trabajo, la casa, las rutinas- y aun así notas un vacío por dentro que no sabes nombrar. Cumples, llegas a la noche agotada y te preguntas para qué haces todo esto. Si llevas tiempo arrastrando esa sensación de ir por la vida sin brújula, no te pasa nada raro: es lo que Viktor Frankl llamó vacío existencial, y tiene un nombre, unas causas reconocibles y también un camino para salir de él.
Ese camino es la logoterapia, un enfoque psicológico que no te pide que dejes de sufrir, sino que aprendas a encontrar un porqué incluso en lo que duele. No promete borrar tu dolor de un plumazo. Te ofrece algo distinto: ayudarte a descubrir qué sentido puede tener tu vida a partir de ahora, con lo que tienes y con lo que has vivido, no con la vida que imaginabas antes de que todo cambiara.
Jessica Davo García
Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.
Viktor Frankl: el psiquiatra que creó la logoterapia en Auschwitz
Viktor Frankl nació el 26 de marzo de 1905 en Viena, en el seno de una familia judía, y se formó como neurólogo y psiquiatra. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial trabajaba en las ideas que después darían forma a la logoterapia, pero fue lo que vivió a continuación lo que las puso a prueba de una manera que ningún manual de psicología había imaginado hasta entonces.
Entre 1942 y 1945 estuvo recluido en varios campos de concentración nazis, entre ellos Theresienstadt y Auschwitz. En esos años perdió a su esposa, a sus padres y a su hermano. Él sobrevivió y fue liberado en 1945 por el ejército estadounidense, sin nada más que lo que había pensado y anotado a escondidas durante el cautiverio.
En 1946 publicó «El hombre en busca de sentido», el libro donde narra esa experiencia y expone las bases de la logoterapia: incluso despojado de todo -su familia, su trabajo, su nombre reducido a un número- un ser humano conserva la libertad de elegir su actitud ante lo que le ocurre. Después de la guerra escribió más de treinta libros sobre logoterapia y análisis existencial, traducidos a decenas de idiomas, y siguió dando conferencias hasta poco antes de morir, el 2 de septiembre de 1997.
No te cuento esto como un dato curioso de manual. Te lo cuento porque la logoterapia no nació en un despacho tranquilo, sino en el lugar más deshumanizado que se pueda imaginar. Y eso cambia el peso de cada palabra que Frankl escribió después: no habla de teoría, habla de algo que él mismo tuvo que sostener con sus propias manos.
El vacío existencial: la herida que casi nadie sabe nombrar
Frankl usó el término vacío existencial para describir esa sensación difusa de aburrimiento, apatía y falta de propósito que puede aparecer aunque tu vida «funcione» sobre el papel. No es tristeza intensa ni responde a un motivo concreto: es más bien la pregunta «¿y todo esto para qué?» instalada de fondo, casi como un ruido de fondo que no se apaga.
Puede aparecer un domingo por la tarde, cuando se acaba el ruido de la semana y te quedas a solas con el silencio. O al jubilarte, cuando el trabajo que ocupaba tus días desaparece y no sabes qué poner en su lugar. O después de años criando, cuidando o produciendo para otros, cuando por fin tienes un momento para ti y descubres que no sabes qué quieres hacer con él.
También suele aparecer tras una ruptura, un diagnóstico o una pérdida que te obliga a replantearte quién eres sin lo que tenías. Y a veces, simplemente, se cuela sin un motivo tan claro: entre el scroll infinito del móvil, las comparaciones constantes y una agenda tan llena que no deja hueco para preguntarte qué es lo que de verdad te importa.
Conviene que sepas distinguirlo de un cuadro depresivo: el vacío existencial no siempre viene acompañado de tristeza profunda, desesperanza o síntomas físicos sostenidos en el tiempo. Si notas que ese malestar va a más, te cuesta funcionar en el día a día o convive con ideas de hacerte daño, ese es un motivo para pedir ayuda profesional sin esperar, y no algo que la logoterapia por sí sola deba resolver.
Las tres vías de Frankl para recuperar el sentido
Uno de los aportes centrales de la logoterapia es que no existe un único camino hacia el sentido de la vida, sino tres, y no hace falta recorrerlos todos a la vez ni en un orden concreto. Basta con encontrar uno que tenga eco en tu situación de ahora.
Lo que haces o creas
Un proyecto, un trabajo con el que te identificas, una afición que te absorbe, algo que construyes con tus manos o con tu tiempo. El sentido puede nacer de aportar algo al mundo, por pequeño que parezca desde fuera: no hace falta que sea heroico, solo que sea tuyo.
A quién amas y quién te ama
Los vínculos -de pareja, de familia, de amistad- son otra fuente de propósito. Frankl hablaba de la capacidad de ver a otra persona en su singularidad, más allá de lo que hace por ti o para ti, y de dejarte ver de la misma forma por alguien más.
Cómo eliges enfrentar lo que no puedes cambiar
Esta es quizá la idea más conocida de la logoterapia: cuando ya no puedes modificar una circunstancia -una enfermedad, una pérdida, un diagnóstico-, todavía te queda la libertad de elegir la actitud con la que la afrontas. No es resignación pasiva ni «pensar en positivo» a la fuerza: es una forma activa de seguir decidiendo quién eres en medio de lo que no elegiste.
Lo que la logoterapia NO te pide que hagas
Conviene aclarar esto porque se malinterpreta con facilidad. La logoterapia no te pide que le busques «el lado bueno» a todo, ni que agradezcas lo que te ha hecho daño, ni que finjas estar en paz cuando no lo estás. Eso sería toxicidad positiva disfrazada de filosofía, y no tiene nada que ver con lo que planteaba Frankl.
Tampoco te propone un sentido único y válido para todo el mundo, como si existiera una respuesta correcta que solo tienes que memorizar. El sentido del que habla la logoterapia es personal, cambia con las etapas de tu vida y a veces se construye despacio, con ensayo y error, no con una revelación repentina.
Y aunque a veces se asocia con lo religioso porque habla de «sentido» y «trascendencia», la logoterapia no exige ninguna creencia concreta. Tengas fe o no la tengas, el punto de partida es el mismo: reconocer que tu vida puede tener un propósito propio, venga de donde venga esa convicción para ti.
Herramientas que usa un logoterapeuta en consulta
La logoterapia no se queda en la teoría. Se apoya en técnicas concretas que un profesional formado en este enfoque puede trabajar contigo, siempre adaptadas a tu ritmo:
- Intención paradójica: te invita a desear -de forma exagerada y momentánea- justo lo que temes, para romper el círculo de ansiedad anticipatoria que alimenta ese miedo. Frankl la usaba sobre todo con miedos e insomnio.
- Dereflexión: te ayuda a dejar de observarte y analizarte de forma obsesiva, redirigiendo tu atención hacia algo o alguien fuera de ti mismo, cuando el exceso de introspección se ha vuelto parte del problema.
- Diálogo socrático existencial: a través de preguntas, no de respuestas cerradas, te acompaña a encontrar tus propias conclusiones sobre lo que da sentido a tu vida, en lugar de entregarte una lista de consejos genéricos.
Ninguna de estas herramientas funciona como una fórmula mágica que se aplica igual a todo el mundo. Un buen profesional las adapta a tu historia, a tu ritmo y a lo que estás atravesando ahora mismo, no a un guion cerrado que repite sesión tras sesión.
Tampoco se trata de técnicas que puedas aplicarte tú sola o solo leyendo un artículo, por completo que sea. La intención paradójica mal empleada, por ejemplo, puede aumentar la angustia en lugar de reducirla si no se trabaja con el acompañamiento y el momento adecuados. Por eso tiene sentido que sea un profesional formado quien las introduzca y las ajuste contigo, no un ejercicio que haces por tu cuenta un fin de semana.
Momentos en los que la logoterapia puede acompañarte
No hace falta estar «muy mal» para beneficiarte de este enfoque. Suele ayudar especialmente en estas situaciones:
- Procesos de duelo, ya sea por la pérdida de una persona, una relación o una etapa vital que se cierra sin que tú lo decidieras.
- Diagnósticos de enfermedades graves o crónicas, donde el foco pasa de «por qué a mí» a «qué hago ahora con esto».
- Crisis vitales como una jubilación, un cambio de ciudad, un divorcio o la salida de los hijos de casa, cuando la identidad que tenías se tambalea.
- Épocas de agotamiento y desconexión, cuando gestionar el estrés del día a día te ha dejado sin espacio para pensar en qué quieres realmente.
En muchos casos, la logoterapia se combina con otros enfoques -como la terapia cognitivo-conductual– en lugar de sustituirlos. No compite con ellos: aporta una capa distinta, centrada en el sentido, mientras otros abordajes trabajan síntomas concretos como la ansiedad, el insomnio o los pensamientos que se repiten una y otra vez.
Esa combinación suele ser habitual porque el vacío existencial y la ansiedad, por ejemplo, no siempre viajan solos: a veces uno alimenta al otro, y tratarlos por separado deja el trabajo a medias.
Qué esperar de tu primera sesión
Si nunca has ido a terapia, es normal que te dé un poco de vértigo dar ese primer paso. En una primera visita al psicólogo orientada a la logoterapia, no vas a rellenar un test y recibir un diagnóstico cerrado en veinte minutos.
Lo habitual es que el profesional te escuche: qué te trae, cómo estás viviendo esta etapa, qué solía darte sentido antes y por qué sientes que ahora no está. También suele preguntarte por tus valores, por lo que te importaba antes de que apareciera este bache y por lo que te gustaría poder decir de ti dentro de unos años.
A partir de ahí, entre los dos vais construyendo el hilo de trabajo, sesión a sesión, sin prisa por llegar a una conclusión artificial. No esperes que nadie te diga «tu sentido de la vida es este». La logoterapia no entrega respuestas prefabricadas: te acompaña a que las encuentres tú, que es la única forma de que de verdad te sostengan cuando la sesión termina y vuelves a tu día a día.
El número de sesiones y el ritmo dependen de lo que traigas y de cómo lo vayas procesando: hay personas para las que unas cuantas sesiones bastan para reordenar una etapa concreta, y otras que prefieren un acompañamiento más largo mientras atraviesan un cambio profundo. No hay un plazo único que valga para todo el mundo, y desconfía de quien te lo prometa de antemano sin conocer tu caso.
Cuando el sentido se hace pequeño, sigue siendo suficiente
Puede que ahora mismo no tengas un gran propósito que te ilumine el camino, y está bien. Frankl no hablaba de encontrar una misión grandiosa, sino de reconocer el sentido en lo concreto: una conversación que te sostiene, un gesto de cuidado, una tarde bien vivida entre tantas que pasan sin dejar huella.
Si ese vacío del que hablábamos al principio te acompaña desde hace tiempo, no tienes que resolverlo sola o solo. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, es una forma de tomarte en serio lo que sientes. Escríbeme y ayúdame a entender por dónde puedes empezar: encontrar juntas ese primer paso ya es, en sí mismo, un motivo para seguir.
Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre la logoterapia de Viktor Frankl
¿Quién fue Viktor Frankl y cómo nació la logoterapia?
Viktor Frankl (1905-1997) fue un psiquiatra y neurólogo austriaco que ya esbozaba las bases de la logoterapia en los años 30, mientras trabajaba en la Clínica Neurológica de la Universidad de Viena. Su deportación a varios campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz, donde perdió a su mujer y a sus padres, terminó de dar forma a una terapia nacida de su propia experiencia límite, tal como recoge un análisis biográfico publicado en SciELO Colombia. Se la conoce como la tercera escuela vienesa, tras el psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Adler. Si te interesan otros referentes que marcaron la psicología, puedes leer también quién fue John Bowlby.
¿En qué se diferencia la logoterapia de la terapia cognitivo-conductual o el psicoanálisis?
La logoterapia se centra en tu voluntad de sentido y mira hacia adelante, mientras el psicoanálisis busca la raíz del malestar en el pasado y los impulsos inconscientes. Frente a la terapia cognitivo-conductual, que trabaja pensamientos y conductas concretas para reducir síntomas, la logoterapia no se pregunta tanto «por qué» sufres sino «para qué» puedes usar ese sufrimiento. Si quieres comparar enfoques con más detalle, aquí te explico cómo funciona la terapia cognitivo conductual y cuándo suele recomendarse.
¿Qué son la intención paradójica y la dereflexión?
Son las dos técnicas más características de la logoterapia. La intención paradójica te invita a desear, con humor y distancia, justo lo que temes, para romper el círculo de la ansiedad anticipatoria; la dereflexión te ayuda a dejar de enfocarte en el síntoma y dirigir la atención hacia algo con sentido para ti. Ambas buscan cortar los círculos viciosos que alimentan la angustia. Si buscas otra herramienta sencilla para calmar la ansiedad del día a día, prueba con la relajación progresiva de Jacobson.
¿Hay evidencia científica de que la logoterapia funciona?
Sí, aunque con matices: una revisión académica de la Universidad Europea concluye que la logoterapia puede ayudar a reducir el estrés, la ansiedad y el malestar emocional en personas con enfermedades graves o crónicas. No cuenta con el mismo respaldo que otros tratamientos con más recorrido de investigación, pero puede ser un buen complemento cuando el sufrimiento va unido a una crisis de sentido. Si prefieres informarte sobre otro formato, aquí resolvemos si funciona la terapia psicológica online y qué dice la evidencia al respecto.
¿Para qué situaciones se recomienda la logoterapia?
Suele recomendarse ante duelos, enfermedades graves, crisis vitales o esos momentos en los que sientes que tu vida ha perdido rumbo. También puede acompañarte si arrastras una pérdida afectiva que te cuesta cerrar, como ocurre en un duelo amoroso, donde reconstruir el sentido forma parte de sanar. No sustituye una intervención urgente en crisis agudas, sino que te acompaña a dar forma a lo vivido.
¿Es la logoterapia una terapia religiosa o espiritual?
No, la logoterapia no exige ninguna creencia religiosa, aunque Frankl reconocía en el ser humano una dimensión espiritual o «noética», distinta de lo biológico y lo psicológico. Puedes practicarla tengas o no fe, porque el sentido que buscas es personal y no depende de un dogma. Comparte esa mirada centrada en tu experiencia consciente con otros enfoques humanistas como la terapia Gestalt.
Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.







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