Te han dado un diagnóstico o tienes sospechas, y ahora estás buscando si tu hijo tiene autismo o síndrome de Asperger. O quizás eres adulto y reconoces en ti rasgos de ambos perfiles. La confusión es comprensible: durante décadas coexistieron como diagnósticos separados, con criterios distintos y debates científicos encendidos sobre dónde empezaba uno y terminaba el otro.
Hoy tenemos una respuesta más clara, aunque no más sencilla.