¿La Mitomanía que es?

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Jessica Davó García

Te escuchas a ti mismo contando una historia que nunca ha pasado y ni siquiera sabes bien por qué lo has hecho. No había nada que ganar, nadie a quien impresionar de verdad, y aun así la mentira ha salido casi sola, como si tuviera vida propia. O quizá seas tú quien ya no sabe qué creer de lo que te cuenta tu pareja, tu hijo o tu mejor amigo: cada vez que compruebas una versión distinta, se te encoge un poco más el estómago.

Si te reconoces en alguna de estas dos situaciones, no estás ante un simple defecto de carácter ni ante alguien «que es así, y ya está». La mitomanía es un patrón psicológico mucho más complejo de lo que parece a simple vista, y entenderlo es el primer paso para dejar de sentir que no controlas nada de lo que pasa a tu alrededor.

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

Mitomanía: cuando mentir deja de tener un motivo

Todo el mundo miente alguna vez para evitar un conflicto o suavizar una mala noticia. La mitomanía es otra cosa: es la tendencia a fabricar mentiras de forma repetida, incluso cuando no hay ningún beneficio evidente ni ninguna consecuencia negativa que evitar con ellas.

En psiquiatría, este patrón se conoce también como pseudología fantástica o mentira patológica, un término descrito ya en 1891 por el psiquiatra Anton Delbrück para referirse a personas que construían relatos elaborados, muy alejados de la realidad, de forma sostenida en el tiempo.

Lo que distingue a la mitomanía de una mentira puntual no es solo la frecuencia, sino la falta de un objetivo claro detrás. Según recoge StatPearls, una publicación médica de la National Library of Medicine (NCBI), quien miente de forma patológica suele buscar una gratificación interna —sentirse admirado, interesante o a salvo— más que evitar un castigo concreto.

Algunas señales suelen repetirse en la mitomanía:

  • Las historias son detalladas, cambiantes y difíciles de sostener con el tiempo.
  • Suelen colocar a quien las cuenta en un papel favorable: víctima, héroe o protagonista.
  • La persona parece creer, al menos en el momento de contarlas, parte de lo que dice.
  • No existe una necesidad externa real que justifique la mentira.

Reconocer estas señales no sirve para poner una etiqueta a nadie. Sirve para entender que detrás de la mitomanía casi siempre hay algo más que «ganas de mentir».

Las raíces psicológicas de la mentira compulsiva

Nadie empieza a mentir de forma compulsiva porque sí. Detrás de la mitomanía suele haber una historia previa: baja autoestima, inseguridad profunda o experiencias de infancia en las que decir la verdad no se sintió ni seguro ni suficiente.

Para algunas personas, mentir se convierte en una forma de sostener una imagen de sí mismas que no logran construir de otro modo. La mentira les regala, aunque sea por unos minutos, la sensación de ser suficientes, interesantes o queridas.

La mitomanía no figura como un trastorno independiente en las clasificaciones psiquiátricas actuales: apareció en el DSM-III, pero dejó de incluirse como entidad propia en ediciones posteriores, tal como explica StatPearls (NCBI). Hoy se entiende más como un patrón de conducta que puede acompañar a otros cuadros clínicos.

Algunos estudios la relacionan con rasgos de trastornos de la personalidad del grupo B —narcisista, antisocial, límite o histriónico—, aunque esto no significa que toda persona mitómana tenga necesariamente uno de estos diagnósticos, según recoge la Revista Colombiana de Psiquiatría.

Lo importante, si estás viviendo esto de cerca, es que la mitomanía casi nunca habla de falta de cariño hacia quien recibe la mentira. Habla, sobre todo, del miedo de quien la cuenta a no ser suficiente tal y como es.

El desgaste en la pareja, la familia y los amigos

Si convives con alguien que miente de forma compulsiva, seguramente conozcas bien esa sensación de ir siempre un paso por detrás. Escuchas una versión, después otra, y terminas sin saber qué parte de la historia es real.

Ese desgaste tiene nombre: fatiga de la confianza. Cada mentira descubierta, por pequeña que sea, hace más difícil creer en la siguiente verdad, aunque esta sea completamente cierta.

Muchas parejas y familias de personas con mitomanía describen una mezcla de rabia, tristeza y culpa: rabia por sentirse engañadas, tristeza por lo que la relación ha perdido y culpa por seguir queriendo a esa persona a pesar de todo.

Tú no eres responsable de las mentiras de otra persona, ni tienes por qué convertirte en detective de cada frase que te dice. Cuidar tu propio bienestar mientras acompañas a alguien con mitomanía es tan necesario como buscar ayuda para esa persona.

Mitomanía y otros trastornos del control de impulsos

La mitomanía comparte un terreno común con otros patrones donde el impulso se repite aunque no traiga ningún beneficio real. Es el mismo mecanismo que puedes reconocer en la cleptomanía, donde la persona roba sin necesitar el objeto, o en la piromanía, donde el impulso de provocar fuego se repite pese a las consecuencias.

En los tres casos aparece un ciclo parecido: tensión previa, la conducta como forma de aliviarla y, después, una sensación de alivio que refuerza que vuelva a repetirse. La diferencia está en la conducta concreta —mentir, robar, provocar fuego—, no en la lógica de fondo.

Entender la mitomanía dentro de esta familia de patrones ayuda a quitarle el peso moral que muchas veces se le pone encima. No hablamos de «mala persona» ni de falta de voluntad, sino de un mecanismo psicológico concreto, como ocurre con el resto de los trastornos emocionales.

Qué ayuda de verdad: tratamiento de la mitomanía

La buena noticia es que la mitomanía tiene abordaje terapéutico, aunque el camino pida paciencia por las dos partes. No existe un fármaco específico para tratarla: la psicoterapia es, hasta ahora, el recurso con más recorrido, aunque el profesional puede recomendar medicación puntual para síntomas asociados, como la ansiedad, según señala StatPearls (NCBI).

Entre los enfoques que mejor funcionan destacan la terapia cognitivo-conductual, que trabaja las creencias y los desencadenantes de la mentira, y la terapia dialéctico-conductual, que ayuda a gestionar la emoción que suele esconderse detrás del impulso de mentir.

Un buen terapeuta no empieza cuestionando cada mentira ni buscando pillar a la persona en un renuncio. El primer paso suele ser construir un espacio de confianza donde mentir deje de ser necesario para sentirse a salvo.

Si el problema afecta a alguien de tu entorno, acompañarle a pedir ayuda profesional —sin sermones ni ultimátums— suele abrir más puertas que cualquier discusión sobre qué es verdad y qué no.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Si la mitomanía está afectando a tu vida o a la de alguien cercano, un psicólogo especializado puede ayudarte a poner nombre a lo que ocurre y a encontrar un camino real de cambio.

Vivir con mitomanía, ya sea la tuya o la de alguien a quien quieres, cansa de una forma silenciosa que pocas veces se entiende desde fuera. Ponerle nombre a lo que pasa ya es empezar a salir del laberinto.

No tienes que cargar con esto en silencio. Si te ha tocado de cerca, pide una primera cita de psicología y da el paso hacia una relación más sana con la verdad, la tuya y la de quienes te rodean.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre las causas y el mecanismo psicológico de la mitomanía

¿Qué es exactamente la mitomanía a nivel psicológico?

La mitomanía, también llamada pseudología fantástica, es la fabricación continua de mentiras desproporcionadas, sin que exista una ventaja real que las justifique. No se trata solo de «mentir mucho»: es un patrón en el que construyes, o construye la persona que te preocupa, relatos alternativos que a veces llega a sentir casi tan reales como su propia vida. Si quieres ver cómo encaja este comportamiento dentro del resto de trastornos emocionales, ahí tienes una visión más amplia.

¿Por qué alguien miente de forma compulsiva sin sacar nada a cambio?

Porque la mentira deja de ser una herramienta puntual y se convierte en un mecanismo de defensa casi automático. Muchas personas mitómanas usan el relato inventado para tapar una realidad que sienten insuficiente o dolorosa, no para engañarte a ti en concreto. Si te reconoces intentando entender a alguien así, puedes profundizar en qué es la mitomanía y cómo se manifiesta en el día a día.

¿La mitomanía nace en la infancia?

En muchos casos, sí. Un estudio sobre valoración psicopatológica infanto-juvenil publicado en SciELO relaciona las invenciones fantásticas extremas en la infancia con la privación afectiva y la falta de atención de las figuras de apego. A esto suele sumarse una autoestima frágil, que lleva a compensar con historias más «brillantes» la sensación de no ser suficiente; por eso trabajar esa base, como explicamos al hablar de la autoestima baja, suele ser el punto de partida de cualquier ayuda profesional.

¿En qué se diferencia mentir de vez en cuando de tener mitomanía?

Mentir puntualmente responde a un fin concreto —evitar un castigo, quedar bien, proteger a alguien— y sabes en todo momento que estás mintiendo. En la mitomanía, la mentira se repite, se vuelve compleja y muchas veces no busca ninguna ganancia evidente. Tampoco es lo mismo que la manipulación psicológica, donde detrás de la mentira suele haber un objetivo mucho más calculado y dirigido.

¿La mitomanía está relacionada con otros trastornos de personalidad?

Sí, con frecuencia aparece junto a rasgos de personalidad narcisista, histriónica o límite. El DSM-5 no la recoge como un trastorno independiente, sino como un síntoma que puede acompañar a otros cuadros, algo que también se observa en el trastorno límite de la personalidad, donde igualmente aparece inestabilidad emocional y dificultad para sostener una imagen estable de una misma.

¿La persona mitómana sabe que está mintiendo o se cree sus propias historias?

Al principio suele ser consciente de que está fabricando el relato. Pero, conforme la mentira se repite, la literatura clínica recoge que puede llegar a creerse parte de lo que cuenta, sin que esto equivalga a un delirio: los estudios distinguen claramente la mitomanía de los cuadros psicóticos, aunque ambos impliquen una relación particular con la realidad. Ese mismo matiz —dificultad para frenar un impulso repetido— aparece también en otros trastornos como la cleptomanía.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Si reconoces estas señales en ti o en alguien cercano, un psicólogo colegiado puede ayudarte a entender qué hay detrás.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

12 comentarios en «¿La Mitomanía que es?»

    • Pues a mí me parece más una enfermedad mental que algo de ciencia ficción. La gente que inventa historias solo busca llamar la atención. Mejor centrémonos en cosas reales, ¿no?

    • Todos somos humanos y podemos mentir en alguna ocasión, pero no significa que seamos todos mitómanos. La mitomanía implica un patrón consistente de mentiras compulsivas. No generalicemos, cada caso es diferente. 🧐

  1. ¡Vaya, vaya! La mitomanía suena como una excusa perfecta para inventar historias emocionantes en las fiestas. ¿Quién necesita la realidad cuando puedes crear tu propia versión? 😜🙌

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