La idea de hacer terapia psicológica por videollamada genera escepticismo en muchas familias. «¿Cómo va a ser lo mismo si no es en persona?» «¿Qué pasa si el niño se distrae?» «¿No necesita el psicólogo verte en persona para entenderte de verdad?»
Son dudas completamente razonables. Y la evidencia de los últimos años tiene respuestas bastante claras.