Lo que necesitas saber sobre el síndrome de Heller

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Jessica Davó García

Todavía recuerdas las primeras palabras de tu hijo, sus juegos, la forma en que te miraba y te reconocía. Y ahora ves cómo, poco a poco, ese niño que ya conocías parece alejarse: deja de hablar, deja de mirarte igual, deja de jugar como antes.

No es el miedo de un diagnóstico desde el nacimiento. Es la sensación de estar perdiendo a alguien que ya tenías, y ese dolor es real aunque nadie a tu alrededor termine de entenderlo.

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

Ese proceso, cuando aparece tras un desarrollo completamente típico durante los primeros años, puede corresponder al síndrome de Heller, también llamado trastorno desintegrativo infantil. Es un diagnóstico duro y muy poco frecuente, y mereces entender qué está pasando y qué puedes hacer a partir de ahora.

Un desarrollo normal que se detiene y retrocede

El síndrome de Heller describe una regresión del desarrollo que aparece después de un periodo de crecimiento típico, normalmente entre los 2 y los 4 años, aunque puede manifestarse hasta los 10, según recoge la National Organization for Rare Disorders (NORD).

Hasta ese momento, tu hijo ha alcanzado los hitos esperados: habla, juega, se relaciona con otros niños y adultos con normalidad. Ahí está la diferencia con otros trastornos del neurodesarrollo: no hay una alerta desde el principio, sino la pérdida progresiva de algo que ya se había conseguido.

El trastorno desintegrativo infantil debe su nombre a Theodor Heller, un educador austriaco que describió los primeros casos en 1908. Es un cuadro muy poco frecuente: la propia NORD lo sitúa entre 1,1 y 9,2 casos por cada 100.000 niños, una cifra muy inferior a la del autismo.

Los primeros síntomas del síndrome de Heller

La regresión suele empezar por el lenguaje. Tu hijo deja de usar palabras y frases que ya dominaba, o su forma de hablar se vuelve más pobre, repetitiva o mecánica.

A la vez, es habitual que se retire de las relaciones sociales: pierde interés por jugar con otros niños, por las rutinas compartidas contigo o por actividades que antes le gustaban.

El comportamiento también cambia. Los berrinches, la irritabilidad, la ansiedad ante los cambios o incluso las conductas autolesivas pueden aparecer en esta etapa, junto con movimientos repetitivos similares a los que se observan en el trastorno del espectro autista.

  • Pérdida del lenguaje ya adquirido, o un habla mucho más pobre y repetitiva.
  • Retirada de las relaciones sociales y pérdida de interés por el juego compartido.
  • Cambios en el control de esfínteres, ya conseguido con anterioridad.
  • Pérdida de habilidades motoras que antes dominaba con normalidad.
  • Cambios de conducta: irritabilidad, ansiedad ante los cambios o conductas autolesivas.
  • Movimientos repetitivos similares a los del trastorno del espectro autista.

No todos los niños pierden las mismas habilidades ni al mismo ritmo. Por eso, cualquier retroceso significativo en el desarrollo de tu hijo merece una valoración profesional cuanto antes.

Por qué ocurre el trastorno desintegrativo infantil

Es probablemente la pregunta que más te persigue, y la respuesta honesta es que a día de hoy se desconoce la causa exacta. Así lo confirma el Genetic and Rare Diseases Information Center (GARD) del NIH.

Existen teorías que apuntan a un origen neurobiológico, ya que el trastorno se ha asociado en algunos casos con la aparición de crisis convulsivas. Otras hipótesis han explorado una posible relación con infecciones que afectan al sistema nervioso central, aunque ninguna se ha confirmado como causa demostrada.

No es culpa tuya, ni de nada que hicieras o dejaras de hacer. Es un cuadro cuyo origen todavía investiga la comunidad científica, y entenderlo así te puede ayudar a soltar una culpa que no te corresponde.

Cómo se diagnostica el síndrome de Heller hoy

El diagnóstico parte de la observación clínica de esa pérdida de habilidades tras un desarrollo previo normal, junto con pruebas que descarten otras causas médicas o neurológicas.

Hay un matiz importante: desde el DSM-5, el trastorno desintegrativo infantil ya no figura como categoría independiente y se incluye dentro del trastorno del espectro autista, según recoge también el GARD del NIH. Esto no cambia lo que le pasa a tu hijo, pero sí el modo en que hoy se nombra y clasifica.

Durante la valoración, el equipo profesional suele descartar otros síndromes del neurodesarrollo que también implican una alteración marcada de las capacidades adquiridas, como el síndrome de Rett, que provoca una regresión similar sobre todo en niñas. También pueden valorarse otras condiciones genéticas, como el síndrome de Angelman o el síndrome de X frágil, antes de llegar a un diagnóstico preciso.

Cuanto antes se inicie esta valoración, antes podrás poner en marcha los apoyos que tu hijo necesita.

Qué tratamientos y apoyos existen para tu hijo

No existe una cura para el síndrome de Heller, pero sí intervenciones que pueden ayudar a tu hijo a recuperar y mantener habilidades. El GARD del NIH señala que el abordaje combina terapia conductual, intervención ambiental y, en algunos casos, tratamiento farmacológico para síntomas concretos.

  • Logopedia para trabajar la comunicación funcional.
  • Terapia ocupacional para la motricidad y la autonomía en el día a día.
  • Intervención conductual para reducir conductas disruptivas y favorecer la interacción social.
  • Atención temprana y educación especial adaptada a su ritmo.
  • Seguimiento médico para valorar tratamiento farmacológico si aparecen síntomas asociados, como crisis convulsivas.

Los avances pueden ser lentos y no siempre lineales. Celebrar cada pequeño progreso, por pequeño que parezca, también forma parte del proceso.

Cuidarte también a ti cuando todo cambia

Ver a tu hijo perder habilidades que ya tenía es un duelo distinto al de otros diagnósticos. No te preparaste para esto desde el principio, y es normal que sientas rabia, tristeza o una sensación de pérdida difícil de explicar a quien no lo ha vivido.

Buscar apoyo psicológico para ti, no solo para tu hijo, no es un lujo. Es parte de sostener el proceso a largo plazo, sobre todo si convives con otros hijos o con una rutina familiar que también ha cambiado por completo.

Conectar con otras familias que atraviesan procesos de regresión del desarrollo, como los que también se describen en el síndrome de Rett, puede ayudarte a sentirte menos sola en esto. Compartir esta experiencia con quien la entiende de verdad alivia, aunque no borre el dolor.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Si notas señales de regresión en el desarrollo de tu hijo, consulta cuanto antes con su pediatra o con un especialista en neurodesarrollo.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre el síndrome de Heller

¿A qué edad aparece el síndrome de Heller y cómo empieza?

El síndrome de Heller suele aparecer antes de los 3 años, aunque la regresión puede manifestarse en cualquier momento entre los 2 y los 10 años, siempre después de un periodo de desarrollo que parecía completamente normal, según recoge Orphanet.

Si tu hijo hablaba, jugaba y se relacionaba con normalidad y de un día para otro empieza a perder esas habilidades, es normal que sientas miedo y no entiendas qué está pasando. Ese contraste tan brusco entre un desarrollo previo sin señales de alarma y una pérdida repentina es precisamente lo que distingue a este trastorno de otros. Vigilar los hitos del desarrollo desde el nacimiento es igual de importante en otras condiciones del neurodesarrollo, como puedes ver en nuestra guía sobre el síndrome de Down, sus características y su desarrollo.

¿El síndrome de Heller es lo mismo que el autismo?

No son exactamente lo mismo, aunque están estrechamente relacionados. Desde 2013, el DSM-5 dejó de reconocer el trastorno desintegrativo infantil como una categoría diagnóstica propia y lo incluyó dentro del trastorno del espectro autista (TEA), al compartir buena parte de sus manifestaciones clínicas.

Lo curioso es que el educador austriaco Theodore Heller describió este cuadro en 1908, años antes de que el autismo se reconociera como tal. Hoy, un niño con estas características recibiría un diagnóstico dentro del TEA, aunque su forma de presentarse, con pérdida brusca de habilidades ya adquiridas, sigue siendo un rasgo diferencial frente a otros perfiles del espectro, como ocurre también en el síndrome de Angelman, donde la ausencia de lenguaje forma parte del cuadro desde el inicio.

¿Es muy frecuente el síndrome de Heller?

No, es uno de los trastornos del neurodesarrollo menos frecuentes que existen. Según Orphanet, afecta a entre 1 y 9 de cada 100.000 niños, y el Centro de Información de Enfermedades Genéticas y Raras (GARD) del NIH lo sitúa en cifras similares, en torno a 1-2 casos por cada 100.000.

Que sea tan poco frecuente tiene una consecuencia dura para las familias: encontrar información fiable, otros padres con la misma experiencia o profesionales con casos previos puede costar mucho más. Algo parecido ocurre con otras condiciones minoritarias, como puedes leer en nuestro artículo sobre el síndrome de Wolf-Hirschhorn, donde la escasa prevalencia también dificulta el acceso a apoyo especializado.

¿En qué se diferencia el síndrome de Heller del síndrome de Rett?

La diferencia principal está en el momento y la forma de la regresión. En el síndrome de Rett el deterioro aparece de forma más temprana y se acompaña de estereotipias características de las manos, mientras que en el síndrome de Heller esas señales no están presentes, según recoge un documento de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Distinguir entre ambos trastornos no es sencillo ni siquiera para los profesionales, porque comparten síntomas con el autismo y con otros cuadros genéticos. Por eso el diagnóstico diferencial es un paso imprescindible, igual que sucede al valorar otras condiciones con síntomas solapados, como el síndrome de Deleción 22q11.

¿Tiene cura el síndrome de Heller? ¿Cuál es su pronóstico?

No, no existe cura, y su pronóstico suele ser reservado. En la mayoría de los casos el desarrollo se estabiliza en una meseta tras la regresión inicial, según recoge la AEPap; en muy pocos casos se observa cierta mejoría, e incluso en raras ocasiones el deterioro puede continuar de forma progresiva.

Sabemos que leer esto puede doler, y es una noticia difícil de asimilar como madre o padre. Aun así, la intervención temprana y sostenida en el tiempo puede marcar una diferencia real en la calidad de vida del niño, tal y como ocurre en otras condiciones del neurodesarrollo sin cura, como el síndrome alcohólico fetal.

¿Qué tratamiento necesita un niño con síndrome de Heller?

No hay un tratamiento que revierta el trastorno, pero sí un abordaje multidisciplinar que puede mejorar mucho su funcionalidad y bienestar. La literatura clínica especializada recomienda la coordinación entre pediatras, neurólogos, psicólogos, logopedas y terapeutas ocupacionales.

Cuanto antes se inicie ese acompañamiento, mejor suele responder el niño, y cuanto más apoyada se sienta tu familia, más fácil resulta sostener el proceso en el día a día. Ese mismo enfoque coordinado entre profesionales es el que recomendamos también en nuestra guía sobre el síndrome de Prader-Willi.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Si observas signos de regresión en el desarrollo de tu hijo, consulta cuanto antes con su pediatra o con un profesional de la psicología sanitaria especializado en neurodesarrollo.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

11 comentarios en «Lo que necesitas saber sobre el síndrome de Heller»

    • ¡Sorprendente, verdad? Hay tantos trastornos poco conocidos en el mundo. Pero siempre es bueno aprender algo nuevo. ¿Alguien más tiene alguna rareza médica para compartir?

    • ¡No, nunca había oído hablar del síndrome de Heller! Pero gracias a este artículo, ahora estoy más informado. Es genial descubrir cosas nuevas y ampliar nuestros conocimientos. ¡Gracias por compartir!

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