Tienes el diagnóstico. Pone Trastorno del Espectro Autista. Y junto al alivio de tener por fin una respuesta, aparece una pregunta que da vueltas en tu cabeza: ¿y ahora qué? ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo de verdad?
Esta guía es para eso. No para explicarte qué es el autismo, sino para darte estrategias concretas que puedes empezar a usar mañana mismo.
Jessica Davo García
Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.
Lo primero: conoce a tu hijo, no al diagnóstico
El autismo es un espectro amplísimo. Dos niños con el mismo diagnóstico pueden ser completamente diferentes en sus fortalezas, dificultades, intereses y necesidades. El TEA te da pistas sobre en qué áreas necesita tu hijo más apoyo, pero no te dice cómo es él.
Antes de aplicar ninguna estrategia, observa: ¿Qué le da seguridad? ¿Qué situaciones le desbordan? ¿Cuáles son sus intereses? ¿Qué sensaciones le calman o le estresan?
Estructura y rutinas: el andamio que le da seguridad
Los niños con autismo procesan el mundo con mucha más dificultad cuando hay imprevisibilidad. La estructura no es rigidez: es ofrecer un marco predecible dentro del cual puedan funcionar.
- Horarios visuales: Un tablón o agenda con pictogramas que muestre el orden del día reduce enormemente la ansiedad anticipatoria. No necesita saber la hora; necesita saber qué viene después.
- Avisar los cambios: Las transiciones son momentos difíciles. «En 5 minutos recogemos» da tiempo a que el sistema nervioso se prepare.
- Rituales de inicio: Una misma secuencia para empezar la comida, el baño o la hora de dormir reduce la resistencia y facilita la transición.
Comunicación: adapta el lenguaje a su nivel
- Frases cortas y directas. «Siéntate» en lugar de «¿Puedes sentarte ya, que la comida se enfría?»
- Instrucciones en positivo: Di lo que quieres que haga, no lo que quieres que deje de hacer. «Camina despacio» en lugar de «No corras».
- Da tiempo de procesamiento: Un niño con autismo puede tardar varios segundos en procesar una instrucción. No repitas inmediatamente, espera.
- Apoyos visuales: Pictogramas, fotos, gestos. La comunicación visual compensa la dificultad de procesamiento del lenguaje verbal.

Sensorialidad: identifica sus umbrales
Muchos niños con autismo tienen un procesamiento sensorial diferente. Pueden ser hipersensibles (un ruido normal les resulta insoportable) o hiposensibles (buscan estimulación intensa). Identificar cuáles son sus sensibles te ayuda a reducir las crisis sensoriales:
- ¿Qué texturas de ropa o de alimentos rechaza? ¿Cuáles busca?
- ¿El ruido ambiente del colegio o los centros comerciales le desborda?
- ¿Busca el movimiento (columpiarse, girar) o lo evita?
- ¿La luz fluorescente o los espacios muy iluminados le molestan?
Con esta información puedes anticipar entornos difíciles, preparar adaptaciones y crear espacios de calma en casa.
Gestión de las crisis: qué hacer en el momento
Cuando un niño con autismo se desregula sensorialmente o emocionalmente, el objetivo prioritario no es explicarle ni razonar: es ayudarle a volver a un estado de calma.
- Reduce el input sensorial: baja la voz, reduce la luz, apaga ruidos
- No multipliques las palabras: menos estímulo, no más
- Ofrece su objeto o espacio de regulación si lo tiene
- Espera. No intentes resolverlo antes de que la intensidad baje
- Habla solo cuando esté calmado, brevemente y sin juicio
Los apoyos profesionales que marcan la diferencia
- Atención Temprana (gratuita hasta los 6 años en España): psicología, logopedia, fisioterapia en función de las necesidades del niño
- Logopedia: fundamental si hay dificultades en el lenguaje o en la comunicación pragmática
- Terapia ABA o ESDM: intervenciones conductuales basadas en evidencia para las áreas de comunicación y comportamiento
- Psicología de apoyo a la familia: para que los padres tengan estrategias y espacio para gestionar el impacto emocional del diagnóstico
→ Señales de autismo en bebés | Síntomas del Asperger en niños | Grados de autismo
Preguntas frecuentes sobre autismo e intervención
Cuanto antes empiece la terapia, mejor
Sí. La intervención temprana antes de los 3 años aprovecha la máxima plasticidad neurológica y tiene los mejores resultados. Pero nunca es tarde para empezar: incluso los niños diagnosticados en edad escolar o adultos se benefician de la intervención.
El autismo tiene cura
No. El autismo es una condición del neurodesarrollo, no una enfermedad que se cura. Lo que cambia con la intervención es la capacidad del niño para gestionar su entorno, comunicarse y desarrollar sus potencialidades. Muchas personas con TEA llevan vidas plenas y autónomas.
Debo decirle a mi hijo que tiene autismo
Sí, adaptado a su nivel de comprensión y en el momento adecuado. Los niños con TEA que conocen su diagnóstico tienen mejor autoestima y se entienden mejor a sí mismos. Ocultarlo genera confusión y sensación de que «algo está mal» sin nombre.
El colegio ordinario es la mejor opción para todos
Depende del perfil y del nivel de apoyo disponible. Para muchos niños con TEA, el colegio ordinario con apoyos adecuados es la mejor opción. Para otros, un centro de educación especial o un aula TEA proporciona el entorno que necesitan. Ninguna opción es universalmente mejor.
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748. Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo y sueño pediátrico. Sesiones online desde Alicante. Conoce más sobre Jessica








