¿Cómo influye la Música en el Ánimo? Parte 2

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Jessica Davó García

Hay una canción muy concreta que pones cuando estás mal. No es la más alegre de tu lista, ni la que sonaría bien en una fiesta. Es esa, y solo esa, y ni tú mismo sabrías explicar del todo por qué funciona. Simplemente la pones, respiras un poco distinto, y algo se mueve por dentro.

No te lo estás imaginando. Elegir bien qué música escuchar en cada momento puede ayudarte a regular lo que sientes, siempre que sepas cómo hacerlo con cierta intención. En este artículo no vamos a hablar de neurociencia ni de qué pasa en tu cerebro cuando suena una melodía —eso ya lo contamos con detalle en ¿Cómo influye la música en el estado de ánimo? Parte 1—. Aquí vamos directas al uso práctico: qué música elegir según lo que necesitas, y una técnica real de musicoterapia que puedes adaptar en casa.

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

Por qué la misma canción no te sienta igual dos días distintos

Seguro que te ha pasado: una canción que un día te emociona, otro día te resulta indiferente. No es que la canción haya cambiado. Has cambiado tú, y con eso, lo que necesitas escuchar.

Este es el primer error que solemos cometer al intentar «animarnos» con música: ponemos algo alegre cuando estamos hundidos, esperando que el contraste nos saque del bajón de golpe. A veces funciona. Pero muchas otras veces esa música alegre suena lejana, casi ofensiva, porque no reconoce dónde estás ahora mismo.

Tampoco ayuda tirar siempre de la misma playlist «de rescate» sin pararte a pensar qué necesitas hoy. No es lo mismo llegar agotada de un mal día en el trabajo que llegar removida después de una conversación difícil. El cuerpo pide cosas distintas según el tipo de cansancio o de malestar, aunque por fuera parezca «lo mismo de siempre».

Hay una manera distinta de hacerlo, y viene directamente de la musicoterapia clínica.

El principio de iso: la técnica que usan los musicoterapeutas para acompañar un cambio de ánimo

En los años 40, el psiquiatra Maximiliano Ira Altshuler propuso lo que se conoce como principio de iso («iso» viene del griego y significa «igual»), partiendo de la idea de que la música puede actuar como un factor de homeostasis emocional. Altshuler observó algo que parece contraintuitivo: a los pacientes con estados depresivos les resultaba más fácil activarse escuchando primero música triste que música alegre, según recoge la literatura especializada sobre el principio de iso en musicoterapia.

La lógica es sencilla, aunque no sea la intuitiva. Antes de intentar cambiar cómo te sientes, la música primero tiene que encontrarte donde estás. Si estás triste y pones algo triste, no te hundes más: te sientes acompañado. Y solo desde ese acompañamiento es posible empezar a moverte, poco a poco, hacia otro estado.

Cómo aplicar el principio de iso en casa, paso a paso

No hace falta ser musicoterapeuta para adaptar esta idea a tu día a día. Es tan sencillo como seguir tres pasos:

  • Empieza igualando tu estado real. Si estás triste, ansiosa o con rabia, pon algo que refleje exactamente eso. Nada de forzar la alegría desde el minuto uno.
  • Quédate ahí el tiempo que necesites. Deja que esa música valide lo que sientes antes de intentar moverte a otra cosa. No hay prisa.
  • Desplázate de forma gradual. Elige la siguiente canción un poco menos intensa, un poco más luminosa. Y la siguiente, un poco más. Vas construyendo un puente, no dando un salto.

Este pequeño ejercicio es, en esencia, lo que hace que una playlist «de subida» funcione mejor que una canción aislada. No es magia: es acompañar tu propio proceso emocional en lugar de intentar saltártelo.

Así se vería en la práctica

Imagina que llegas a casa después de un día que te ha dejado agotada y con el ánimo por los suelos. Siguiendo el principio de iso, no empezarías con algo animado. Empezarías con una canción lenta, con esa sensación de «por fin puedo parar», que refleje ese cansancio tal cual lo sientes.

Después de un par de temas parecidos, irías introduciendo canciones con un poco más de ritmo, todavía suaves, pero con algo más de vida. Y solo al final, cuando ya notas que tu cuerpo ha empezado a soltar tensión, llegarías a algo más animado. El cambio de ánimo no ocurre de golpe: ocurre en el trayecto.

Qué música elegir según lo que necesitas sentir ahora mismo

El principio de iso te da la estructura. Pero en el día a día también ayuda tener claro qué buscar según el objetivo concreto que tengas en ese momento.

Si necesitas bajar revoluciones y calmarte

Cuando lo que te sobra es activación —nervios antes de algo importante, cabeza acelerada, cuerpo en tensión—, busca música con un ritmo estable y sin sobresaltos: pocas subidas bruscas de volumen, tempo lento, instrumentación sencilla. No necesitas que sea «relajante» en el sentido genérico; necesitas que no te sorprenda.

Si necesitas activarte y recuperar energía

Cuando lo que te falta es empuje —esos días de sofá, de no tener ganas de nada—, un ritmo más marcado y una letra con la que te identifiques puede ayudarte a moverte, literal y emocionalmente. Aquí sí tiene sentido ir de menos a más: empieza con algo que refleje tu cansancio y ve subiendo el tempo poco a poco, en vez de meter directamente algo eufórico que no conecta con cómo llegas.

Si necesitas procesar una emoción difícil

Esto es probablemente lo que te trajo a este artículo: esa canción concreta que pones cuando estás mal. Algunas investigaciones sobre por qué escuchamos música triste cuando estamos tristes sugieren que esta elección no te hunde más, sino que te ayuda a sentirte reconocido en lo que sientes, sin la presión de tener que actuar o «arreglarlo» de inmediato.

Si lo que sientes viene de algo que te marcó —una ruptura, una decepción, una situación que te dejó tocado—, quizá te ayude entender primero qué está pasando por dentro. Hablamos de ello en cómo afectan las heridas emocionales, un buen complemento si notas que la música te ayuda a sentir, pero no termina de ayudarte a soltar.

Si necesitas concentrarte y acallar el ruido mental

Hay días en los que no buscas sentir nada en concreto, solo necesitas que la cabeza deje de dar vueltas para poder centrarte en algo. Aquí lo que mejor funciona suele ser música instrumental, sin letra que compita con tus propios pensamientos, y con un ritmo constante que no te obligue a estar pendiente de ella.

Errores comunes al intentar cambiar tu ánimo con música

Antes de seguir, vale la pena nombrar algunos tropiezos habituales, porque casi todas caemos en ellos alguna vez:

  • Saltarte el primer paso. Ir directa a la música alegre cuando estás mal, sin pasar por la fase de «que la música te reconozca» primero. Suele generar rechazo en vez de alivio.
  • Copiar la playlist de otra persona. Lo que ayudó a una amiga a superar una ruptura puede no decirte nada a ti. Tu iso emocional es tuyo, no se copia.
  • Usar la música como única estrategia. Si lo que sientes es intenso y se repite, la música puede acompañarte, pero necesitas algo más que una canción para sostenerlo.
  • Escucharla de fondo sin prestarle atención. Cuando lo que buscas es procesar una emoción, la música necesita ser protagonista un rato, no ruido ambiente mientras haces otra cosa.

Autocuidado con música y musicoterapia clínica: dónde está la línea

Aquí quiero ser clara contigo, porque hay una diferencia real entre las dos cosas. Poner música con intención en casa —usando algo parecido al principio de iso, creando tus propias playlists, eligiendo con cuidado qué escuchar según cómo te sientes— es una forma legítima de autocuidado emocional. Y como tal, tiene un valor real en tu día a día.

Pero eso no es lo mismo que la musicoterapia como intervención clínica. La musicoterapia formal la lleva a cabo un musicoterapeuta con formación específica en música, psicología y, en muchos casos, medicina, dentro de un proceso terapéutico estructurado y con objetivos concretos, tal como explican fuentes especializadas en musicoterapia y sus beneficios. No es simplemente «escuchar canciones»: es una relación terapéutica que se ajusta sesión a sesión a lo que esa persona necesita, con el objetivo de reducir el estrés o mejorar el bienestar general de esa persona.

Dicho de otra forma: tu playlist personal puede acompañarte un martes cualquiera. La musicoterapia clínica está pensada para procesos más profundos, donde alguien formado observa cómo respondes y adapta la intervención en tiempo real, algo que ninguna app de música puede hacer por ti.

Esto no le resta valor a lo que puedes hacer tú sola con tu propia playlist. Solo significa que si lo que sientes te desborda, se repite con frecuencia o interfiere en tu vida diaria, la música puede acompañarte, pero no sustituye el trabajo que puedes hacer con un profesional. Ahí es donde entran otras herramientas de terapia para el trabajo emocional, pensadas para ir más allá de lo que la música puede ofrecerte por sí sola.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.

Cómo montar tu propia playlist de regulación emocional

No necesitas ninguna app especial ni conocimientos de música para empezar a aplicar todo esto. Solo necesitas prestar un poco más de atención a qué pones y por qué lo pones. Si quieres llevarte algo práctico de este artículo, esto es lo que te propongo:

  • Crea una lista para cada estado, no una lista general. Una para calmarte, otra para activarte, otra para esos días en los que necesitas sentir sin más. Tener la música clasificada por función te ahorra tiempo justo cuando menos ganas tienes de buscar.
  • Ordena las canciones de forma intencional. Empieza por lo que refleja tu estado actual y ve avanzando hacia donde quieres llegar, en vez de mezclarlas al azar.
  • No te fuerces a saltarte pasos. Si necesitas quedarte diez minutos en la canción triste antes de pasar a la siguiente, quédate. El objetivo no es llegar rápido, es llegar de verdad.
  • Revisa tu playlist de vez en cuando. Lo que te ayudaba hace un año puede que ya no te represente igual. Está bien que cambie contigo.

La música no va a resolver lo que te pasa por dentro, pero sí puede acompañarte mientras lo vas entendiendo. Y a veces, esa compañía es exactamente lo que necesitas para dar el siguiente paso, sea escuchar una canción más o pedir ayuda a alguien que sepa guiarte en ese camino.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
Conoce más sobre Jessica →

Preguntas frecuentes sobre cómo usar la música para tu estado de ánimo

¿Qué es el principio de iso en musicoterapia?

Es una técnica propuesta por el psiquiatra Altshuler en los años 40 que consiste en escuchar primero música que coincide con tu estado de ánimo actual y, después, ir cambiando gradualmente hacia canciones que reflejen el estado al que quieres llegar. La idea es acompañar la emoción, no saltártela.

¿Puedo aplicar el principio de iso por mi cuenta, sin ser musicoterapeuta?

Sí, como forma de autocuidado. Puedes crear tus propias playlists empezando por canciones que reflejen cómo te sientes y avanzando poco a poco hacia otras más luminosas o activas. Eso sí, esto no equivale a la musicoterapia clínica, que aplica un profesional formado dentro de un proceso terapéutico.

¿Por qué escuchar música triste cuando estoy triste me ayuda en vez de hundirme más?

Porque te sientes reconocido en lo que sientes, sin la presión de tener que «arreglarlo» al instante. Algunas investigaciones sugieren que la música triste ofrece una forma segura de procesar emociones difíciles, en lugar de intensificar el malestar.

¿Cuánto tiempo tengo que escuchar música para notar un cambio en mi ánimo?

No hay un tiempo fijo, porque depende de cada persona y de la intensidad de lo que sientes. Lo importante no es la duración, sino respetar el proceso: quedarte el tiempo que necesites en la música que refleja tu estado antes de avanzar hacia otra.

¿Cuándo debería acudir a un profesional en vez de gestionarlo solo con música?

Si lo que sientes se repite con frecuencia, te desborda o interfiere en tu día a día, la música puede acompañarte, pero no sustituye un proceso terapéutico. En ese caso, conviene apoyarte en otras herramientas de trabajo emocional en terapia guiadas por un profesional.

¿En qué se diferencia usar música como autocuidado de hacer musicoterapia de verdad?

El autocuidado con música lo haces tú misma, de forma libre, eligiendo canciones según lo que necesitas. La musicoterapia clínica la lleva un musicoterapeuta certificado dentro de una relación terapéutica estructurada, con objetivos concretos y ajustada a cada persona.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

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