¿Qué es la Ecoansiedad y cuáles son sus síntomas?

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Jessica Davó García

Sientes que las noticias sobre incendios, sequías o deshielo te dejan sin aire. Te preguntas si tiene sentido hacer planes de futuro cuando el planeta parece ir cuesta abajo. Te sabe mal disfrutar de algo tan sencillo como un día de sol, porque enseguida llega la culpa de saber lo que ese calor significa. Si esto te resuena, no estás exagerando: la ecoansiedad es real, tiene nombre en psicología y cada vez afecta a más personas, sobre todo si eres joven.

Qué es la ecoansiedad, según la psicología

La ecoansiedad, también llamada ansiedad climática, es el malestar emocional que aparece al ser consciente del impacto del cambio climático sobre el planeta y sobre tu propio futuro. La American Psychological Association (APA) la definió en 2017 como un «miedo crónico a la ruina medioambiental».

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

No es un diagnóstico clínico ni aparece en el DSM-5-TR como trastorno independiente. Es, más bien, una respuesta emocional comprensible ante una amenaza que existe de verdad.

Por eso los psicólogos que estudian este fenómeno insisten en algo importante: preocuparte por el clima no te convierte en una persona exagerada. Es una reacción lógica ante un problema real, no un invento de tu cabeza.

El concepto ha ganado fuerza en los últimos años porque cada vez es más difícil ignorar olas de calor, incendios o sequías. Cuanto más presente está el cambio climático en tu día a día, más fácil es que la ecoansiedad aparezca y se instale.

Síntomas que delatan la ecoansiedad

La ecoansiedad no se manifiesta igual en todas las personas, pero hay señales que se repiten con frecuencia:

  • A nivel físico: opresión en el pecho, palpitaciones, tensión muscular o dificultad para dormir cuando piensas en el futuro del planeta.
  • A nivel emocional: tristeza profunda, rabia, culpa por tus propios hábitos de consumo o una desesperanza difícil de sacudirte.
  • A nivel cognitivo: pensamientos que dan vueltas una y otra vez sobre catástrofes futuras, dificultad para concentrarte en el presente.
  • A nivel conductual: evitar las noticias ambientales o, al contrario, revisarlas de forma compulsiva; sentir que nada de lo que haces es suficiente.

A esta última sensación de bloqueo, la de saber que el problema es enorme y notar que tus acciones individuales no cambian nada, algunos investigadores la llaman eco-parálisis. Es uno de los componentes más agotadores de la ecoansiedad, porque te deja atrapado entre la preocupación y la impotencia.

Por qué los jóvenes son más vulnerables

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que niños, adolescentes y adultos jóvenes son especialmente vulnerables a la angustia y a los problemas de salud mental relacionados con el cambio climático. Tiene sentido: sois quienes vais a vivir sus consecuencias durante más años.

Si eres madre o padre y notas en tu hijo o hija una preocupación desproporcionada por el planeta, que le impide dormir o disfrutar de su día a día, puede ayudarte revisar también las señales de ansiedad infantil que suelen acompañar a este malestar en la infancia.

Pero la ecoansiedad no entiende solo de edad. Personas adultas, mayores o dedicadas a profesiones ligadas al medioambiente también la sienten, cada una a su manera.

Existe además un concepto muy cercano, la solastalgia: la añoranza y el malestar que sientes al ver cómo cambia, se degrada o desaparece un entorno natural que conocías y querías. Muchas personas la experimentan al volver a un lugar de la infancia transformado por la sequía o los incendios.

¿Es razonable tu ansiedad climática?

Preocuparte por el planeta no es, en sí mismo, un problema. Es una señal de empatía y de conciencia. El límite está en cómo esa preocupación afecta a tu vida diaria.

Pregúntate esto: ¿tu inquietud te lleva a informarte y actuar, o te paraliza? ¿Puedes disfrutar de momentos buenos aunque el problema siga ahí, o la culpa te lo impide siempre? ¿Duermes, comes y te relacionas con normalidad, o todo eso se ha visto afectado?

Cuando la ecoansiedad deja de ser un motor para cuidar tu entorno y se convierte en un peso que te impide vivir el presente, ya no hablamos de una preocupación razonable, sino de un malestar que merece atención. Y como con cualquier otro trastorno emocional, pedir ayuda no es ningún signo de debilidad.

Cómo gestionar la ecoansiedad día a día

No existe una fórmula mágica, pero sí estrategias que puedes empezar a poner en práctica hoy mismo:

  • Limita tu exposición a las noticias cuando notes que te desbordan. Infórmate, pero no te satures.
  • Actúa en lo que sí depende de ti: pequeños cambios de hábito o participación en iniciativas colectivas. La acción reduce la sensación de impotencia.
  • Comparte cómo te sientes con personas que sientan algo parecido. Saber que no estás sola o solo alivia mucho más de lo que crees.
  • Cuida lo básico: sueño, alimentación, movimiento y momentos de desconexión, aunque ahora mismo te cueste permitírtelos.
  • Busca apoyo profesional si la angustia no cede o interfiere en tu vida diaria. Un psicólogo puede ayudarte a poner límites sanos a esa preocupación sin negar el problema real que la origina.

En terapia, algunos enfoques como la terapia de aceptación y compromiso se utilizan para ayudarte a convivir con la incertidumbre climática sin negarla ni dejar que te bloquee por completo. No se trata de «dejar de preocuparte», sino de encontrar un lugar donde esa preocupación no gobierne toda tu vida.

Sentir dolor por el planeta que quieres es señal de que te importa. Aprender a convivir con esa preocupación, sin que te paralice, es posible cuando cuentas con las herramientas y el acompañamiento adecuados. Ayúdame a acompañarte en este proceso: no tienes por qué gestionar la ecoansiedad sola o solo.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
Conoce más sobre Jessica →

Preguntas frecuentes sobre la ecoansiedad

¿Qué es exactamente la ecoansiedad?

La ecoansiedad es el miedo crónico a la catástrofe medioambiental, tal y como la definieron en 2017 la Asociación Americana de Psicología (APA) y ecoAmerica. Es una respuesta emocional ante el deterioro del planeta, no un capricho ni una exageración.

Como te contamos en nuestro artículo sobre qué son los trastornos emocionales, un malestar solo se convierte en un problema cuando persiste en el tiempo y limita tu vida diaria. Con la ecoansiedad ocurre exactamente igual.

¿La ecoansiedad afecta más a los jóvenes y adolescentes?

Sí. El mayor estudio global sobre el tema, publicado en 2021 en The Lancet Planetary Health con 10.000 jóvenes de 16 a 25 años en diez países, encontró que el 59% se sentía muy o extremadamente preocupado por el cambio climático y que el 45% notaba que esos sentimientos interferían en su vida diaria.

Si te preocupa cómo estas emociones están afectando a tu hijo o hija, en nuestro artículo sobre síntomas de ansiedad infantil encontrarás señales de alerta que te ayudarán a identificarlo.

¿Es lo mismo la ecoansiedad que preocuparme normalmente por el medio ambiente?

No. Preocuparte por el planeta es una respuesta racional y saludable que puede impulsarte a actuar; la ecoansiedad aparece cuando ese malestar se cronifica e interfiere con tu día a día.

La propia OMS explica que términos como la ecoansiedad, la aflicción ecológica o la solastalgia describen sentimientos de preocupación, tristeza o pérdida ligados al deterioro ambiental, y señala que su impacto no se reparte igual entre todas las personas. Si notas que este malestar te bloquea, puedes leer más sobre qué son los trastornos emocionales para saber cuándo conviene pedir ayuda.

¿Es la ecoansiedad un trastorno mental diagnosticable?

No, al menos no todavía. La ecoansiedad no aparece recogida en el DSM-5, el manual que usan los profesionales para diagnosticar trastornos mentales, según confirma la APA.

Esto no significa que el malestar no sea real: The Lancet Planetary Health señala que la angustia climática de los jóvenes es una respuesta emocional válida y racional ante la crisis ambiental, no un signo de enfermedad. Aun así, cuando se cronifica conviene valorarlo como cualquier otro trastorno emocional que necesita acompañamiento.

¿Puede la ecoansiedad derivar en síntomas de depresión en niños y adolescentes?

Sí, puede coexistir con ellos. En el estudio de Hickman et al. (2021) publicado en The Lancet Planetary Health, más de la mitad de los jóvenes encuestados declaró sentir tristeza, ira, impotencia o culpa relacionadas con el cambio climático.

Cuando estas emociones se mantienen varias semanas y van acompañadas de desánimo persistente o pérdida de interés por las actividades habituales, presta atención a los síntomas de depresión infantil para descartar que el malestar haya ido a más.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo o hija a manejar la ecoansiedad?

Escúchale sin minimizar lo que siente, ayúdale a limitar la exposición a noticias alarmantes y anímale a canalizar la preocupación en acciones concretas, como el voluntariado o el contacto con la naturaleza.

La OMS recomienda integrar el apoyo a la salud mental en cualquier estrategia frente al cambio climático, precisamente porque este malestar es real y merece acompañamiento. Si la ansiedad no mejora o empieza a afectar a su rutina, los consejos que recogemos sobre ansiedad infantil y sus señales de alerta pueden servirte de guía para saber cuándo pedir ayuda profesional.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

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