Te sientas en el suelo con la caja de juguetes abierta. Sacas el maletín de médico, el estetoscopio, la muñeca a la que curar… y tu hijo pasa de largo. Coge los coches, los alinea uno detrás de otro con una concentración total que no incluye a nadie más. Estás ahí, a su lado, y aun así sientes que no consigues llegar hasta él.
Esa sensación de «no conecto con mi hijo cuando jugamos» es uno de los momentos más duros de criar a un niño con autismo. No significa que hagas algo mal. Significa que su forma de jugar es distinta a la que esperabas, y que existe un camino real para entrar en ella.
Jessica Davo García
Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.
Por qué el juego de tu hijo es diferente
El juego de un niño con trastorno del espectro autista (TEA) no siempre sigue el guion que aparece en los libros de desarrollo infantil. En vez de simular que da de comer a un muñeco o que habla por un teléfono de juguete, puede pasar minutos, a veces mucho más, ordenando piezas, girando una rueda o buscando el mismo patrón una y otra vez.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los comportamientos e intereses restrictivos o repetitivos, junto con formas diferentes de aprender, moverse o prestar atención, forman parte de las características propias del TEA. No es un juego «roto» ni un juego «de menos»: es un juego que se organiza con otra lógica, la suya.
Alinear coches en vez de jugar a médicos
Quizá te suena la escena: llevas diez minutos intentando que le interese el hospital de juguete, y él sigue centrado en poner cada coche exactamente a la misma distancia del anterior. Poner objetos en fila, clasificarlos por color o repetir la misma secuencia no es capricho ni desinterés por ti.
Muchos niños con autismo encuentran en ese orden algo que el juego simbólico no les da: previsibilidad, control y una sensación clara de cómo va a terminar cada movimiento. El juego de «hacer como si» (cuidar a una muñeca, jugar a médicos, inventar una tienda) exige interpretar intenciones, turnarse y sostener una idea compartida con otra persona, y eso pide un esfuerzo mucho mayor.
Autism Speaks explica que la atención conjunta, es decir, mirar lo mismo que mira otra persona, señalar o compartir una sonrisa ante algo interesante, es precisamente una de las habilidades que más le cuesta a muchos niños del espectro. Por eso el juego social le resulta más difícil, no porque no quiera jugar contigo.
El juego, la vía de aprendizaje social
Para cualquier niño, el juego no es solo entretenimiento. La Academia Americana de Pediatría, a través de su portal HealthyChildren.org, recuerda que jugar es una de las principales vías por las que los niños desarrollan habilidades sociales, emocionales, cognitivas y de lenguaje.
Cuando el juego simbólico y social se retrasa, esas oportunidades de práctica también se reducen. Es una de las razones por las que la teoría de la mente, la capacidad de entender que otra persona piensa, siente o quiere algo distinto a lo que uno piensa, cuesta más de desarrollar a muchos niños con autismo: se entrena, en buena parte, jugando a «hacer como si» junto a otros.
Esto no es un motivo para presionar a tu hijo a jugar «como los demás niños». Es un motivo para acompañarle desde donde él está ahora mismo, sin prisa y sin saltarte una etapa que todavía no le toca.
Cómo entrar en el mundo de juego de tu hijo
El primer paso no es enseñarle a jugar a médicos. Es sentarte a su lado y jugar tú a lo que él ya está jugando. Si alinea coches, alinea uno con él. Si gira una rueda, mírala girar contigo y nombra en voz baja lo que ves: «rueda, rueda, rueda».
Modelos de intervención temprana como el DIR®/Floortime, recogidos también por Autism Speaks, se basan en esta misma idea: el adulto se coloca al nivel del niño y sigue su iniciativa en lugar de dirigir el juego, partiendo de su interés para construir interacciones cada vez más ricas.
Cuando tu hijo note que estás ahí, jugando de verdad a lo que a él le importa, es mucho más probable que te mire, te busque o te deje entrar un poco más en su juego. Nuestra guía sobre cómo ayudar a un niño con autismo profundiza en más estrategias para acompañarle en su día a día, no solo en el momento de jugar.
Ideas para ampliar su juego sin forzarlo
Una vez que tu hijo ha notado tu presencia dentro de su juego, puedes ir añadiendo variaciones muy pequeñas, siempre desde el respeto a lo que a él le interesa de verdad:
- Añade un coche nuevo a la fila y espera a ver si lo acepta, sin insistir si lo rechaza.
- Convierte la alineación en un juego de turnos: «pongo yo uno, pones tú otro».
- Usa su interés especial como puente. Si le fascinan los números, cuenta los coches en voz alta con él.
- Invita a sus hermanos a jugar en paralelo, sin exigirles que jueguen «juntos» desde el primer día.
- Celebra los segundos en los que te mire o busque tu reacción: ahí está pasando algo importante, aunque dure poco.
Ningún avance en el juego de un niño con autismo llega de golpe. Llega en momentos cortos y repetidos que, sesión tras sesión, se van sumando.
Cuándo pedir ayuda con el juego de tu hijo
Si notas que el juego de tu hijo apenas varía con el tiempo, que le cuesta mucho tolerar cualquier cambio en su rutina de juego o que casi nunca busca tu mirada mientras juega, no tienes que resolverlo sola. Un psicólogo infantil especializado en autismo puede valorar su juego, su comunicación y proponer pautas concretas para tu día a día en casa.
Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre el desarrollo de tu hijo, consulta con su pediatra o con un especialista.
No necesitas convertir a tu hijo en un niño que juega «como los demás» para conectar con él. Necesitas aprender su idioma de juego, uno que ya existe y que solo está esperando a que te sientes en el suelo, a su altura, y entres en él.
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre el juego en niños con autismo
¿Por qué mi hijo con autismo no juega como los demás niños de su edad?
Porque el TEA afecta justo a las dos bases del juego «típico»: la imitación y la imaginación compartida. Según MedlinePlus, muchos niños con autismo no imitan a otros ni participan en juegos de simulación, y en cambio se fijan en detalles concretos de los objetos, como las ruedas de un coche que giran. Esto no significa que tu hijo no sepa jugar, sino que entra al juego por otra puerta. Conocer bien el trastorno del espectro autista te ayuda a leer su juego sin comparaciones que solo generan frustración.
¿Es normal que mi hijo alinee los juguetes en lugar de jugar con ellos?
Sí, alinear coches, animalitos o cualquier objeto es una de las conductas repetitivas y restringidas más habituales del TEA, dentro del mismo patrón que lleva a fijarse en detalles como una rueda girando, según describe MedlinePlus. Por sí sola no confirma ningún diagnóstico, porque también aparece en el desarrollo típico de muchos niños. Si convive con otras señales, coméntalo con quien valore las estereotipias de tu hijo. Obsérvalo con calma, sin forzar el cambio de golpe.
¿A qué edad debería preocuparme si mi hijo no juega a «hacer como si»?
El CDC recoge la imitación de acciones sencillas, como empujar un cochecito, entre los indicadores esperados hacia los 18 meses, y el juego imaginativo, como dar de comer a un muñeco, hacia los 2 años. Si a esa edad tu hijo casi no juega así, coméntaselo a su pediatra: es un dato útil para valorar su desarrollo, nunca una prueba por sí sola. Revisar las señales de autismo en bebés te ayudará a saber qué otras cosas observar.
¿Cómo puedo enseñar a mi hijo con autismo a jugar con otros niños?
Empieza por el juego en paralelo: sentaos cerca, cada uno con material parecido, sin exigir todavía que compartan el mismo juguete. Ve introduciendo turnos muy cortos y celebra cada intento de mirar o imitar, por pequeño que sea. Métete tú primero en el juego que ya le gusta, en lugar de imponer uno nuevo, y desde ahí ve ampliando. En cómo ayudar a un niño con autismo en casa encontrarás más ideas para el día a día.
¿Qué juguetes son mejores para un niño con autismo?
Los que le dan una respuesta clara y predecible: juguetes de causa-efecto, texturas suaves, sonidos poco estridentes y piezas de construcción sencillas. La integración sensorial, respaldada por estudios científicos, muestra que ajustar bien los estímulos ayuda a regular sus emociones durante el juego. Evita el exceso de luces o sonidos y deja que él elija: forma parte de los tratamientos en el autismo más recomendados.
¿El juego con sus hermanos puede ayudar a un niño con autismo a socializar?
Sí, los hermanos suelen ser el primer compañero de juego y una fuente natural de aprendizaje social, siempre que la interacción respete su ritmo. Jugar juntos, aunque sea de forma breve o distinta a lo esperado, refuerza el vínculo y le da a tu hijo un espacio seguro para practicar turnos y miradas. Cuida también cómo vive el hermano esta relación: en autismo y hermanos tienes claves para acompañar a toda la familia.
Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.









8 comentarios en «El Juego en los Niños con Autismo»
La interacción en el juego es clave para niños con autismo, ¡apoyemos su participación activa! 💪🎮 #TodosAlJuego #Autismo
¡Me parece genial que estén hablando del juego en niños con autismo! El juego es esencial para su desarrollo.
En mi opinión, el juego en los niños con autismo es clave para su desarrollo social y emocional.
Yo creo que el juego es una herramienta clave para el desarrollo de los niños con autismo.
¡Vamos a jugar! ¿Quién dijo que los niños con autismo no pueden disfrutar del juego como cualquier otro? 💪🎮
El juego en los niños con autismo es fundamental para su desarrollo social y emocional.
¡Qué interesante! Creo que el juego puede ser una gran herramienta para ayudar a los niños con autismo a desarrollar sus habilidades sociales.
No estoy tan seguro de eso. Creo que hay otras formas más efectivas de ayudar a los niños con autismo a desarrollar sus habilidades sociales. Un juego no puede ser la solución mágica para todos los desafíos que enfrentan.