Metrosexualidad: ¿En qué consiste?

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Jessica Davó García

Puede que alguien te haya llamado «metrosexual» medio en broma, o que tú mismo te preguntes por qué te gusta cuidar tu piel, elegir bien la ropa o pasar un rato frente al espejo sin que eso tenga nada que ver con la vanidad. Esa curiosidad es completamente legítima.

La palabra lleva más de treinta años circulando por revistas, publicidad y conversaciones de bar, pero pocas veces se explica de dónde sale realmente ni qué dice sobre cómo entendemos la masculinidad. Vamos a verlo con calma, sin etiquetas fáciles ni juicios de por medio.

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

¿De dónde viene la palabra «metrosexual»?

El término metrosexual no nació en un laboratorio ni en un manual de psicología. Lo acuñó en 1994 el periodista británico Mark Simpson en un artículo publicado en el diario The Independent, donde describía a hombres de ciudad que dedicaban tiempo y dinero a su imagen personal, al margen de su orientación sexual (que.es).

La palabra mezcla «metropolitano» y «sexual», jugando con la idea de un hombre urbano que cuida su aspecto tanto como cualquier otra persona podría hacerlo. Simpson volvió sobre el concepto en 2002 en un artículo para Salon.com titulado «Meet the Metrosexual», donde señaló a David Beckham como el ejemplo más visible del fenómeno. Fue entonces cuando el término cruzó el Atlántico y se popularizó a nivel mundial (Mark Simpson).

Un término periodístico, no un diagnóstico

Aquí conviene pararse un momento. La metrosexualidad no es un concepto clínico ni una categoría que sirva para explicar nada sobre tu personalidad. Es una etiqueta cultural, nacida del periodismo, que después estudiaron sociólogos y especialistas en comunicación para entender cómo cambia la representación de la masculinidad en los medios.

Que no sea un término científico no le resta interés. Simplemente ayuda a situarlo donde corresponde: como fenómeno social y de consumo, no como una etiqueta de personalidad que alguien pueda «diagnosticarte» ni que necesite tu confirmación para ser real.

Qué significa realmente ser metrosexual

Cuando se habla de un hombre metrosexual, normalmente se hace referencia a alguien que cuida su imagen de forma consciente: se preocupa por la ropa que elige, invierte tiempo en su piel o su pelo, y no esconde ese interés como si fuera algo de lo que avergonzarse.

Nada de esto tiene relación con la orientación sexual de esa persona. De hecho, esa fue precisamente la idea original de Simpson: separar el cuidado personal masculino de cualquier prejuicio sobre con quién se relaciona íntimamente cada hombre. Puedes cuidarte sea cual sea tu identidad afectiva o sexual.

Tampoco se trata de una cuestión de dinero, aunque el término naciera asociado a hombres urbanos con poder adquisitivo. Cuidar tu aspecto puede ser tan sencillo como una rutina de higiene consciente o tan elaborado como seguir tendencias de moda temporada tras temporada. Ninguna versión es más «válida» que otra.

Lo que dice la investigación sobre metrosexualidad y masculinidad

Aunque el origen del término es periodístico, la metrosexualidad sí se ha estudiado en serio desde la comunicación y la sociología. En España, el investigador Juan Rey publicó en 2006 un análisis en la revista científica Comunicar sobre cómo la publicidad convirtió al «nuevo hombre» metrosexual en una construcción comercial, además de en un sujeto social real (Comunicar, 2006).

En el ámbito anglosajón, los investigadores Matthew Hall y Brendan Gough, cuyo trabajo aparece recogido en el repositorio de la Universidad de Lancaster, analizaron en 2011 cómo las revistas masculinas y sus lectores construyen la categoría «metrosexual». Encontraron algo revelador: quienes se identifican con la etiqueta suelen reivindicar su seguridad y su heterosexualidad, mientras que quienes la critican la asocian a falta de autenticidad (Journal of Gender Studies, 2011).

Ese mismo equipo publicó otro trabajo, recogido también en el portal de la Universidad de Lancaster, centrado en hombres que usan maquillaje como una de las expresiones más marcadas de la metrosexualidad. El estudio observó que estos hombres suelen justificar su comportamiento apelando a su estatus profesional, su sofisticación o su atractivo, como si necesitaran «blindar» su masculinidad frente a la crítica social (Lancaster University).

¿Fenómeno real o estrategia publicitaria?

Un estudio más reciente, publicado en 2021 en la Revista de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación, analizó más de cien anuncios de la revista GQ España y confirmó que la figura del metrosexual sigue muy presente en la publicidad actual, asociada al cuidado del aspecto físico y a los valores de imagen personal (RAEIC, 2021).

Esto no significa que la metrosexualidad sea «solo marketing». Significa que es las dos cosas a la vez: un cambio real en cómo algunos hombres viven su cuidado personal, y un filón que las marcas han sabido explotar desde que el término se hizo popular.

Por qué la palabra «metrosexual» todavía incomoda a algunos

Si alguna vez te han hecho un comentario incómodo por cuidarte «demasiado», no eres el único. La masculinidad tradicional lleva generaciones asociando fuerza con dureza emocional y desinterés por la apariencia, así que cualquier hombre que rompa ese molde puede toparse con burlas.

Esa reacción tiene mucho que ver con el chovinismo que todavía impregna ciertas ideas sobre cómo «debe» comportarse un hombre. Cuando el cuidado personal se etiqueta como «cosa de mujeres», en realidad se está reforzando una jerarquía de género bastante rígida y poco realista.

Este tipo de juicios funciona además como una forma sutil de violencia simbólica: normaliza la idea de que existe una única manera «correcta» de ser hombre, y castiga socialmente cualquier desviación de esa norma, aunque sea tan inofensiva como usar crema hidratante o cuidar el corte de pelo.

Cuidar tu imagen no te resta nada

Da igual si te identificas o no con la etiqueta metrosexual: cuidarte no debería sentirse como un placer culpable del que tienes que disculparte. Prestar atención a tu aspecto puede formar parte de cómo te relacionas contigo mismo, igual que cuidas tu alimentación o tu descanso.

La forma en que te presentas al mundo también es una manera de expresar quién eres. Del mismo modo que existen distintos tipos de personalidad, hay tantas formas de vivir la masculinidad como hombres existen, y ninguna necesita el permiso de nadie para ser válida.

Si te preocupa lo que piensen los demás cuando te ven cuidarte, ten presente que esa opinión suele hablar más de quien juzga que de ti. Tu relación con tu cuerpo y tu imagen te pertenece únicamente a ti.

Del metrosexual a otras etiquetas: un fenómeno que sigue cambiando

Desde que Mark Simpson acuñó el término en 1994, han surgido otras palabras para nombrar variaciones del mismo fenómeno, como «spornosexual», asociado a hombres que además del cuidado estético dan mucha importancia a un físico trabajado en el gimnasio. Ninguna etiqueta sustituye a la anterior: conviven, se solapan, y muchas veces sirven más para el titular de una revista que para describir con precisión a una persona real.

Lo importante no es encajar en una etiqueta concreta, sino entender que el interés por tu imagen no te convierte en menos hombre, ni en más superficial que nadie. Es, sencillamente, una forma más de cuidarte.

¿Necesitas la etiqueta para que tu forma de cuidarte cuente?

No. Puedes cuidar tu imagen y no reconocerte en absoluto en la palabra «metrosexual», igual que puedes usarla con orgullo si te representa. Las etiquetas ayudan a nombrar fenómenos sociales, pero nunca deberían decidir cómo te sientes contigo mismo.

Si algo te llevas de todo esto, que sea la idea de que cuidarte, prestar atención a tu piel, tu ropa o tu pelo, no es un capricho superficial ni una traición a tu masculinidad. Es, simplemente, una forma legítima más de habitar tu propio cuerpo.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre la metrosexualidad

¿Qué significa exactamente que un hombre sea metrosexual?

Significa que cuida su imagen personal de forma consciente y visible: moda, piel, pelo o estética general. Es un término cultural, no clínico, acuñado en 1994 por el periodista Mark Simpson para describir a hombres urbanos preocupados por su aspecto.

¿Quién inventó la palabra «metrosexual» y cuándo?

La creó el periodista británico Mark Simpson en 1994, en un artículo publicado en The Independent. La popularizó de forma internacional en 2002, en un texto para Salon.com donde citaba a David Beckham como ejemplo (Mark Simpson).

¿Ser metrosexual tiene algo que ver con la orientación sexual?

No. Desde su origen, el término describe el cuidado personal masculino al margen de con quién se relacione afectiva o sexualmente cada hombre. Un hombre metrosexual puede ser heterosexual, gay, bisexual o cualquier otra orientación.

¿Es lo mismo metrosexualidad que vanidad?

No exactamente. La vanidad implica una preocupación excesiva por la aprobación ajena, mientras que cuidar tu imagen puede ser simplemente una forma de bienestar personal, similar a cuidar tu alimentación o tu descanso, sin que eso defina tu valor como persona.

¿Cuál es la diferencia entre metrosexual y spornosexual?

El metrosexual prioriza el cuidado estético general: moda, piel, pelo. El «spornosexual» es una etiqueta posterior que añade un fuerte componente de físico trabajado en el gimnasio. Ambas conviven como formas distintas de vivir el cuidado personal masculino.

¿Por qué algunos hombres siguen recibiendo burlas por cuidarse?

Porque la masculinidad tradicional lleva generaciones asociando fuerza con desinterés por la apariencia. Ese juicio social tiene raíces en el chovinismo que sigue marcando cómo «debería» comportarse un hombre, aunque cada vez pierde más peso.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

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