La Teoría de la Mente en niños con autismo

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Jessica Davó García

Le cuentas a tu hijo que la abuela está triste y él sigue jugando como si nada hubiera pasado. Le explicas que su amigo se ha enfadado porque le quitó el juguete sin pedirlo, y te mira sin entender por qué eso importa tanto. Y a ti se te encoge el pecho: piensas que quizá es frío, que no siente empatía, que nunca va a tener relaciones sociales como los demás niños.

Respira. Lo que estás viendo tiene un nombre concreto, y no es falta de cariño hacia los demás.

Jessica Davo García

Jessica Davo García

Psicóloga Sanitaria Especialista en Infantil y Neurodesarrollo.

Se llama teoría de la mente, y en el trastorno del espectro autista suele desarrollarse de una forma distinta a como lo hace en el resto de los niños. Entender qué es exactamente, por qué le cuesta más a tu hijo y qué puedes hacer tú te va a quitar mucho peso de encima.

Qué es la teoría de la mente en el autismo

La teoría de la mente es la capacidad de entender que las demás personas tienen sus propios pensamientos, creencias, deseos y emociones, y que esos contenidos mentales pueden ser distintos a los tuyos. No es «leer la mente» en sentido literal: es saber que la mente del otro existe y funciona por su cuenta, con su propia información.

Un ejemplo clásico lo explica bien: si tu hijo ve cómo escondes un caramelo en un cajón, pero luego lo cambias de sitio sin que su hermano lo vea, un niño con teoría de la mente desarrollada entiende que su hermano seguirá buscando en el cajón original, aunque él sepa que ya no está ahí. Saber que otra persona puede creer algo distinto a la realidad es la base de este tipo de razonamiento social.

Este campo de estudio arrancó en los años 80, cuando Baron-Cohen, Leslie y Frith relacionaron por primera vez de forma sistemática estas dificultades con el autismo, tal y como recoge la revisión publicada en la revista científica Frontiers in Psychology (Fernández-Abascal et al., 2020).

Por qué le cuesta más a un niño con TEA

No es que tu hijo no quiera entender a los demás. Procesar la mente ajena exige anticipar, inferir e imaginar perspectivas que no se ven directamente, y esa capacidad de inferencia social es precisamente una de las áreas donde el autismo introduce más dificultad.

La investigación actual, eso sí, matiza mucho la idea de un «déficit total» e igual para todos. La misma revisión de Frontiers muestra que existen perfiles muy distintos dentro del propio espectro: algunos niños con TEA desarrollan una teoría de la mente bastante funcional, y otros la tienen más limitada. Ese nivel está relacionado con sus habilidades sociales y con el lenguaje pragmático —el uso social del lenguaje, más allá de la gramática—, un área que profundizamos en autismo y lenguaje.

Hay además una lectura que quita mucha presión a las familias: el llamado «problema de la doble empatía», planteado por investigadores como Damian Milton y recogido por la publicación científica The Transmitter (Spectrum, 2023). Según esta perspectiva, la dificultad no va en una sola dirección: a las personas sin autismo también les cuesta interpretar correctamente las señales de una persona autista. No es un fallo unidireccional de tu hijo, es un desencuentro en dos sentidos.

Cómo se nota en el día a día: señales reales

La teoría de la mente no es un concepto abstracto de laboratorio: se nota en momentos muy concretos de la vida diaria de tu hijo. Estas son algunas de las señales más habituales:

  • Le cuesta detectar mentiras piadosas. Si alguien dice «qué regalo tan bonito» sin sentirlo del todo, tu hijo puede tomárselo literalmente, sin captar la intención social que hay detrás.
  • No pilla el sarcasmo ni la ironía. Una frase como «vaya día más bonito» dicha bajo la lluvia puede interpretarse al pie de la letra, generando confusión o respuestas que parecen «fuera de lugar».
  • Le cuesta mentir él mismo. Mentir exige saber que el otro no conoce lo que tú sí sabes; por eso, muchos niños con TEA son sorprendentemente sinceros, casi hasta la incomodidad.
  • No anticipa cómo va a reaccionar el otro. Puede decir algo que hiere sin darse cuenta, no porque quiera hacer daño, sino porque no ha logrado prever el efecto de sus palabras antes de decirlas.

Si reconoces a tu hijo en varias de estas situaciones, no estás imaginando nada raro. Es la teoría de la mente funcionando de una forma diferente, no ausente.

¿Se puede entrenar la teoría de la mente?

Esta es la pregunta que de verdad te importa: ¿esto se queda así para siempre? La respuesta honesta es que no es una sentencia fija. La teoría de la mente se puede trabajar, aunque no de la noche a la mañana y sin promesas mágicas.

Un ensayo clínico aleatorizado con niños de 8 a 13 años con TEA, publicado en el Journal of Autism and Developmental Disorders y disponible en PubMed (Begeer et al., 2011), encontró mejoras reales en las tareas conceptuales de teoría de la mente tras 16 semanas de entrenamiento. El propio estudio es honesto con sus límites: esas mejoras costaron más de trasladarse, sin apoyo, a la empatía cotidiana valorada por los padres. Por eso el entrenamiento formal funciona mejor cuando se combina con práctica constante en contextos reales.

El juego simbólico y de roles es una de las vías más naturales para esa práctica diaria: ponerse «en el lugar de otro» jugando a médicos, a tiendas o a familias ayuda a ensayar perspectivas ajenas sin la presión de una situación social real. Puedes leer más sobre esto en el juego en los niños con autismo.

Qué puedes hacer tú, paso a paso

No necesitas ser terapeuta para ayudar a tu hijo a entender mejor a los demás. Estos son algunos apoyos que puedes aplicar sin agobiarte:

  • Nombra las emociones en voz alta y en el momento. «La abuela está triste porque le duele la pierna», en vez de dar por hecho que él lo deduce solo.
  • Usa cuentos e historias sociales donde los personajes piensan y sienten cosas distintas, comentando en voz alta qué sabe cada uno en cada momento.
  • Guarda el sarcasmo para otros momentos cuando quieras asegurarte de que te entiende bien, y sé literal cuando la situación lo requiera.
  • Celebra cada avance, por pequeño que sea, aunque todavía no se note fuera de casa.

Si necesitas más estrategias concretas para el día a día, en cómo ayudar a un niño con autismo encontrarás pautas prácticas que se pueden combinar con todo lo anterior.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Si tienes dudas específicas sobre el desarrollo de tu hijo, un especialista en TEA puede evaluar su perfil concreto y guiarte con precisión.

Tu hijo no es frío ni le falta corazón. Solo necesita que tú entiendas primero cómo funciona su mente, para poder tender el puente hacia la de los demás. Y ese puente, paso a paso, se puede construir.

✍️ Sobre la autora
Jessica Davó García — Psicóloga Sanitaria Colegiada CV-16748.
Especialista en psicología infantil, TDAH, autismo, síndromes del neurodesarrollo y sueño pediátrico.
Sesiones online desde Alicante para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre la teoría de la mente en niños con autismo

¿Qué significa que mi hijo con autismo tenga dificultades con la teoría de la mente?

Significa que a tu hijo le cuesta más entender que otras personas piensan, sienten o creen cosas distintas a las suyas, no que le falte inteligencia ni cariño. La teoría de la mente es la capacidad de atribuir pensamientos, creencias, deseos y emociones a los demás, y en el TEA suele desarrollarse de forma diferente o más lenta. Conocer este rasgo del trastorno del espectro autista te ayuda a entender por qué a tu hijo le cuesta anticipar las reacciones de los demás, y a acompañarlo sin culpabilizarlo por ello.

¿A qué edad desarrollan los niños la teoría de la mente y cuándo se retrasa en el autismo?

En el desarrollo típico, la mayoría de los niños comprende que otros pueden tener creencias distintas a las suyas (las llamadas «falsas creencias») alrededor de los 4 años. En los niños con TEA, como puede pasarle a tu hijo, este hito suele retrasarse o alcanzarse solo de forma parcial. Las primeras pistas de esta diferencia ya pueden notarse antes, en las señales de autismo en bebés, como la falta de atención conjunta o de juego compartido con la mirada.

¿Cómo comprueban los especialistas si un niño tiene dificultades con la teoría de la mente?

Los especialistas usan pruebas de «falsa creencia», como el conocido test de Sally y Anne, en las que tu hijo debe predecir dónde buscará un objeto un personaje que no vio cómo lo cambiaban de sitio. En el estudio clásico de Baron-Cohen y su equipo, cerca del 80% de los niños con autismo evaluados no acertó esta prueba, frente a más del 85% de los niños sin autismo que sí la resolvieron. Estos resultados forman parte de una valoración más amplia, la misma que orienta los tratamientos en el autismo, nunca de un diagnóstico aislado.

¿Todos los niños con autismo tienen el mismo grado de dificultad en la teoría de la mente?

No, y esto tranquiliza a muchos padres: no todos los niños del espectro presentan el mismo nivel de dificultad ni en las mismas situaciones. La Confederación Autismo España señala que estas dificultades no son homogéneas, y que algunos niños desarrollan ciertas habilidades de teoría de la mente en contextos concretos aunque les cueste más en otros. Por eso es tan importante que no compares a tu hijo con otros niños de los distintos tipos de autismo, ni con su hermano o compañero de clase.

Si a mi hijo le cuesta entender lo que piensan los demás, ¿significa que no siente empatía?

No. Los estudios distinguen entre empatía cognitiva —entender lo que siente el otro— y empatía afectiva —conmoverse con lo que siente el otro—, y las dificultades del autismo se concentran sobre todo en la primera. Tu hijo puede tener problemas para anticipar el punto de vista ajeno y, al mismo tiempo, preocuparse sinceramente por el malestar de un hermano o un amigo, algo que se ve reflejado a menudo en la relación entre autismo y hermanos.

¿Se puede entrenar o mejorar la teoría de la mente de mi hijo con autismo?

Sí, aunque los avances suelen ser graduales y no siempre se trasladan solos a todas las situaciones del día a día. Programas específicos con juegos de rol, cuentos sociales y entrenamiento en falsas creencias han mostrado mejoras reales en el reconocimiento emocional y la comprensión de intenciones en niños con TEA. Practicar estas actividades en casa, con la guía de un profesional, es una de las formas más efectivas de ayudar a un niño con autismo a sentirse más seguro en sus relaciones.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario.

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Jessica Davó García

Graduada en Educación Infantil por
la Universidad Católica, San Antonio de Murcia (UCAM), graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), especializada en Trastornos
del Espectro Autista y Atención Temprana.

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